EL 20 DE JULIO DE 1969 ESTE VALIENTE ASTRONAUTA CALIFICÓ EL HECHO COMO "UN PEQUEÑO PASO PARA EL HOMBRE Y UN GIGANTESCO SALTO PARA LA HUMANIDAD"
Protagonista. Neil Armtrong pasó a la historia con su hazaña. |
Logro. El éxito decisivo fue alcanzado tras un largo período de espera. |
Santo Domingo.- A fines de los años sesenta, Neil Armtrong, astronauta estadounidense, es designado comandante de la nave Apolo 11 y realiza con Edwin Aldrin y Michael Collins su histórico viaje espacial. En esa misión estelar se convierte en el primer hombre que en los anales de la humanidad pisa la superficie lunar. En aquel momento -20 de julio de 1969-, dijo: “Este es un pequeño paso para el hombre; un gigantesco salto para la humanidad”.
No obstante, el éxito decisivo fue alcanzado tras un largo período de espera. El año anterior (1968), Estados Unidos había enviado al espacio a tres astronautas para simplemente aproximarse a la Luna. Después de realizar varias órbitas alrededor de la Tierra, ellos salieron de la zona de atracción terrestre y viajaron hacia el anhelado satélite. Lo sobrevolaron a 100 km de altitud y orbitaron numerosas veces. Finalmente regresaron a la Tierra y fueron recuperados, según lo previsto, en el océano Pacífico. Algunos meses después, un nuevo cohete norteamericano, provisto de una cápsula separable, sobrevoló la Luna. La cápsula, separándose del cohete, efectuaba la órbita lunar a 30 km de altura. Los dos hombres que la conducían regresaron en seguida y se acoplaron de nuevo al cohete propulsor. Estados Unidos demostró así que, según había anunciado el presidente Kennedy, avanzaba a grandes pasos en la preparación de un descenso en la Luna.
En efecto, el 20 de julio de 1969 fue el gran día. El Apolo 11 llevó a la Luna a tres astronautas: Neil Armstrong, Edwin Aldrin y Michael Collins. Los dos primeros descendieron, en un módulo lunar, sobre la Luna, en el Mar de la Tranquilidad. Mientras Collins esperaba en módulo de mando, orbitando el satélite, Armstrong y Aldrin pusieron pie en la Luna y plantaron una bandera norteamericana.
Durante los segundos que duró el descenso, Neil Armstrong, que iba adelante, pronunció sus famosas palabras: “Estoy al pie de la escalerilla, las patas del águila solo han deprimido la superficie unos cuantos centímetros; la superficie parece ser de grano muy fino, cuando se le ve de cerca. Casi un polvo fino, muy fino. Ahora salgo de la plataforma. Este es un pequeño paso para el hombre; un gigantesco salto para la humanidad”.
Después de conversar a través del espacio con el presidente Nixon, Armstrong y Aldrin caminaron sobre la superficie lunar durante dos horas, recogiendo rocas y muestras de la Luna, lo cual fue televisado a la Tierra a 400,000 km. Pasadas 21 horas, Armstrong y Aldrin se acoplaron con el módulo de mando, pilotado por Michael Collins, y regresaron a la Tierra. Amarizaron en el océano Pacífico, a unos pocos kilómetros del portaaviones Hornet, donde les esperaba el presidente Nixon. El avance de Estados Unidos en materia espacial quedaba espectacularmente probado.
Una vez más el hombre intentó develar el arcano de la creación.
Manifestó su pasión por saber de los astros: “Las dos grandes lumbreras, la lumbrera mayor (el Sol), para que señorease en el día, y la lumbrera menor (la Luna) para que señorease en la noche”. Pero cuanto más entra en contacto con la grandeza de las leyes que rigen el cosmos, mayor resulta su misterio.
EL AUTOR HABLA SOBRE LA EXISTENCIA DE DIOS
Es absurdo que la criatura humana, que es una billonésima parte de la Tierra, que a su vez es menos de una billonésima parte del gran universo, se ufane en negar o cuestionar a Dios. Un corazón humilde y rebosante de gratitud, ante las maravillas siderales, no niega ni cuestiona a Dios, simplemente lo alaba, y expresa, como el rey David: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la Luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites?”.